jueves 25 de noviembre de 2010

El Reino de Dios Evidencias de Maravillas y Prodigios

Gálatas 3:5  Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?

En este versículo está una de  las evidencias mas primarias de que el Reino de Dios era una realidad permanente en la comunidades cristianas.

En la perspectiva del pensamiento del Apóstol Pablo no se concibe una iglesia sin la presencia manifiesta del Reino de Dios; es por esto que este pasaje pertenece a una fuerte exhortación que Pablo hace a las comunidades de Galacia.

Para entenderlo hay que revisar el trasfondo histórico: los gálatas habían permitido la introducción de herejías que distorsionaban el sencillo evangelio de Jesucristo. Ellos empezaron bien justificando sus pecados en la fe por medio de la muerte y la resurrección de Jesucristo y esto permitía que el Señor derramara en sus reuniones, en abundancia, como una cascada, el Espíritu Santo, produciendo maravillas y prodigios, sanidades y manifestaciones como evidencias de que el Reino de Dios que había inaugurado estaba en operación.

Pero la herejía que consistía en que se volviesen a hacer obras de la Ley a través de la disciplina religiosa, que siempre potencializa el esfuerzo humano para agradar a “Dios”. Pablo los vuelva a central diciendo que solamente es la fe lo que permite que Dios se agrade, y como evidencia de esto es que el Reino de Dios que transforma todas las cosas, capacitaba a la iglesia para evidenciar que Dios estaba con ella. Una congregación sin evidencias con prodigios y maravillas es como un grupo religioso sin el Reino.

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